¿Estoy saliendo con una niña o con una cebolla?
I. Disculpa, me contaré la historia que me apetezca para salir más rápido de este infierno
Opción 1: eres un embrollo y los escogiste a ellos porque estás preparada para más y yo no soy suficiente.
Opción 2: volviste a tu modus operandi, ese de cagarla y abandonar a una muchacha que te ama bonito porque tú no te sientes suficiente.
Dime, ¿quién no es suficiente entonces?
Me siento miserable y no sé a quien hablarle. Estoy bien, quiero decir, pero bajito me pregunto: ¿Por qué no me quiere? ¿Por qué se olvida de mi? ¿Cómo es capaz de desear a otres? Tú me habías dicho que yo era de esas personas con las que la gente se casa. ¿Es que no quieres casarte, entonces?
II. Sueño 1
Soñé que Sonia era la Fer al mismo tiempo. Estaba en una de las salas de estudio tirando con mi profesor de solfeo (estupendo docente, nada que decir), a quién penetraba por detrás. Yo más que observador era una cámara, ahí puesta en la ventanilla de la puerta, estática. ¿Las cámaras se calientan? No sabría decir.
III. La única historia que conozco, la única que tengo pa contarte, dice que soy un desastre
Tengo la cabeza pasada a lavanda. Uno de los días que terminamos, el último, el definitivo, ese que venía con el pack completo de chocolate caliente, malabares en la plaza, hamburguesas del macdonal y motel incluido, recogí una lavanda antes de separarnos, y la aspiraba a intervalos regulares para distraerme y no llorar. No funcionó, ¿recuerdas? Y te pusiste a llorar también y te daba a oler la lavanda para distraerte, pero nada, y cuando te bajaste del metro tenías la cara triste ya seca pero yo seguía llorando con la lavanda sobre mi nariz.
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